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domingo, 18 de abril de 2010

Un visita inesperada

Clara cerró el portátil, se preparó un té y tras encender una vela se metió en la cama. Hoy había sido un día largo pero escribir le relajaba. Tan solo se trataba de un pequeño análisis diario de las cosas que le preocupaban. Intentaba analizarse para conocerse mejor, para tratar de razonar el por qué de las cosas que hacía.

Hoy cuando subía de casa después de cenar con sus padres, se había parado en el rellano de la escalera y miró hacia el cielo. Estaba nublado pero se veían las estrellas y aunque la luna casi no podía verse, aquella imagen unida al silencio de la noche daba una gran sensación de paz que le acompañó hasta la cama.

A la mañana siguiente, hizo un gran esfuerzo y se levantó con tiempo para desayunar, ver las noticias e ir con tiempo al trabajo.

No había aparcado el coche cuando le llamó la atención la figura que de pie esperaba junto a la puerta. Su corazón dio un vuelco al reconocer a quien fuera su mejor amiga en la adolescencia. ¿Qué hacía aquí y qué le ocurriría fueron sus primeras preguntas? Pero al acercarse surgieron más. ¿Y ese bebé que lleva en brazos?

Hola! - dijo Teresa cuando Clara ya estaba lo suficientemente cerca. Hola - respondió Clara - Cuanto tiempo sin saber de ti, ¿Cómo estas? ¿Qué te trae por aquí?, que ricura ¿Y este pequeño?

Esperaba poder desayunar contigo y que pudiéramos hablar - dijo Teresa mientras arropaba al pequeño. Claro, déjame que suelte las cosas, tengo una hora antes de que llegue mi primera cita - respondió Clara.

Clara se apresuró en soltar la cartera y los libros sobre su mesa y en menos de un minuto ya estaba de vuelta. Su cabeza trabajaba a marchas forzadas tratando de asimilar tanta información visual.

Teresa se marchó con 18 años a Madrid porque sus padres querían estar más cerca de la familia. Estudió la carrera de arquitectura y poco a poco fueron perdiendo el contacto. Lo último que sabía de ella es que terminó la carrera y que tenía novio. Llevaba unos tres años sin saber nada de ella y no entendía qué le traería de vuelta. Pero estaba muy contenta de verla de nuevo.

Se sentaron en la cafetería que estaba justo a la vuelta de la esquina del centro médico donde trabajaba Clara y pidieron café y tostadas. Clara miraba embobada al bebé que Teresa llevaba en sus brazos.
¿Quieres cogerlo? - preguntó Teresa.
-Claro! ¿Cómo se llama?
-Alberto
-¿Cuánto tiempo tiene?
-Tres meses
-Es una ricura, doy por hecho que es tuyo.
-Si. Pensé que te gustaría conocerlo.
-También me hubiera gustado saber que estabas embarazada. ¿Cómo es que has venido a Asturias?¿Es que han vuelto tus padres?
- Si. Volvieron hace cosa de dos meses y he venido con Alex para enseñárselo.
- ¿Cuánto tiempo os quedaréis?
- Una semana... Lamento no haber dado señales de vida en estos años. Te he echado mucho de menos pero nunca encontré el momento para llamarte. Y luego pensé que estarías enfadada conmigo.

Clara se quedó en silencio. Estaban muy unidas y la echo mucho de menos durante bastante tiempo. Te agradezco que hayas venido a verme y me hayas traído a tu hijo, tiene tus ojos -dijo Clara casi entre lágrimas. Teresa se levantó y abrazó a su amiga que con tanto cariño acurrucaba al pequeño.

Teresa acompañó hasta la puerta a Clara. Quedaron para comer todos juntos el miércoles y tras darse un par de besos se despidieron hasta entonces.


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