Les pidió que pasaran a la habitación. Clara había convertido lo que era una fría consulta de médico en un acogedor despacho. La luz que entraba por las ventanas iluminaba la estancia resaltando el color de las plantas y flores de colores que nacían tras un frío invierno.
Clara, Rosa y su hija se sentaron en los sillones que se situaban cerca de las ventanas. En el centro una baja mesa con algunos caramelos y alguna revista, Elena no tardo en alargar la mano para coger uno de los caramelos.
Bueno Elena, dijo Clara, ¿Has decidido ya si vas a hablar con Roberto? Yo poco más puedo ayudarte en este asunto. Y creo que Roberto tiene bastante experiencia en este tipo de temas. Clara había estado buscando por internet personas con el mismo Don y de todas con las que habló este pareció ser el más adecuado y cabal. Esperaba que Elena pudiera encontrar en él alguien que le ayudara y le proporcionara respuestas a muchas de sus preguntas. Yo concertaré la cita aquí, continuó Clara, para que te sientas más cómoda y así yo también podré evaluar si es la persona que buscamos.
Aunque no pareció muy entusiasmada con la idea, finalmente accedió y quedarían a la semana siguiente. Rosa respiró aliviada.
Se marcharon y Clara descolgó el teléfono para llamar a Roberto. Sonó tres o cuatro veces pero finalmente saltó el contestador, le dejó un mensaje confirmándole que se verían el jueves de la semana siguiente y que si no fuera posible que le avisara lo antes posible.
Volvió a descolgar el teléfono, esta vez llamaría a Mario. La voz de Mario sonó como si acabara de despertarse. Mario! En una hora te quiero ver aquí, no vayas ponerme excusas!. Si mamá, respondió con tono burlón, me ducho y voy.
Mario le estaba ayudando con Luis, un chico que tenía serios problemas para afrontar los reveses de la vida. A pesar de tener quince años, estaba convencido de que su vida estaba acabada. Como Mario tenía amplia experiencia con jóvenes desorientados, Clara estaba convencida de que él podría sacarlo del profundo y peligroso pozo en el que se estaba hundiendo.
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El día transcurrió de la forma esperada y llegaba el momento del día que tanto le gustaba a Clara. Tras cambiarse de ropa y prepararse un té se sentó frente al ordenador y con la música de fondo comenzó a escribir.
No sé si llegará a ser un libro, pensó, o si siquiera alguien lo leerá algún día, pero necesito expresarme como lo hace el pintor sobre el lienzo.
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